Radioterapia en la neuro-oncología: visión general

 

Introducción

La radioterapia es un componente fundamental de la neuro-oncología moderna y desempeña un papel central en el tratamiento de tumores primarios y metastásicos del sistema nervioso central. Se utiliza en una amplia variedad de escenarios clínicos, incluidos contextos curativos, adyuvantes y paliativos, y con frecuencia se integra con la neurocirugía y los tratamientos sistémicos como parte de un enfoque terapéutico multimodal.

Los avances en tecnología radioterápica, técnicas de imagen y planificación del tratamiento han mejorado de forma significativa la precisión de la administración de la radiación, permitiendo dirigir dosis más altas al tejido tumoral y reducir la exposición de las estructuras cerebrales sanas circundantes. A pesar de estos avances, el uso de la radioterapia en neuro-oncología requiere una evaluación cuidadosa de los beneficios potenciales y de los riesgos a largo plazo.

 

¿Qué es la radioterapia?

La radioterapia es un tratamiento médico que utiliza radiación de alta energía para dañar el ADN de las células tumorales, lo que inhibe su capacidad de dividirse y sobrevivir. En la neuro-oncología, la radiación se administra con mayor frecuencia mediante técnicas de radioterapia externa, en las que la radiación se genera fuera del cuerpo y se dirige hacia un objetivo definido en el cerebro o la médula espinal.

Las células tumorales suelen ser más susceptibles al daño inducido por la radiación que las células normales, debido a mecanismos defectuosos de reparación del ADN y a una proliferación celular descontrolada. Sin embargo, el tejido cerebral normal también es sensible a la radiación, lo que hace necesario un direccionamiento preciso y una planificación cuidadosa de la dosis.

 

Principios de la radioterapia

El efecto biológico de la radioterapia se basa en la inducción de daño en el ADN, ya sea de forma directa o indirecta mediante la generación de radicales libres. Este daño interfiere con la replicación celular y conduce a la muerte de las células tumorales con el paso del tiempo.

La radioterapia se administra habitualmente en múltiples dosis pequeñas, conocidas como fracciones, a lo largo de varias semanas. La fraccionación permite que los tejidos normales reparen el daño subletal entre sesiones, al tiempo que se maximiza el daño acumulado en las células tumorales.

En la neuro-oncología, la planificación del tratamiento se guía por estudios de imagen detallados, principalmente la resonancia magnética (RM), para definir con precisión los límites del tumor y las áreas con riesgo de extensión microscópica de la enfermedad.

 

Cuándo se utiliza la radioterapia en neuro-oncología

El momento y el papel de la radioterapia dependen del tipo de tumor, su grado, localización, características moleculares y la estrategia terapéutica global.

La radioterapia puede utilizarse:

  • Tras la cirugía, como tratamiento adyuvante, para tratar células tumorales residuales y reducir el riesgo de recurrencia

  • Como tratamiento primario cuando la resección quirúrgica no es factible o conlleva un riesgo inaceptable

  • En combinación con tratamiento sistémico, como la quimioterapia

  • En enfermedad recurrente, según los tratamientos previos y la dosis acumulada de radiación

  • Para el control de síntomas en situaciones paliativas seleccionadas

La indicación de la radioterapia y la definición de sus parámetros específicos se individualizan y suelen establecerse mediante una evaluación multidisciplinar.

 

Radioterapia convencional

La radioterapia convencional en neuro-oncología se administra con mayor frecuencia mediante radioterapia externa basada en fotones, generada por un acelerador lineal.

Las técnicas modernas de radioterapia con fotones incluyen:

  • Radioterapia conformada tridimensional (3D-CRT)

  • Radioterapia de intensidad modulada (IMRT)

  • Radioterapia guiada por imagen (IGRT)

Estos enfoques permiten conformar y modular los haces de radiación para adaptarlos estrechamente al volumen tumoral, reduciendo así la dosis administrada a los tejidos normales adyacentes. La radioterapia basada en fotones sigue siendo la modalidad más utilizada y ampliamente estudiada en la neuro-oncología.

 

Terapia con protones

La terapia con protones es una forma alternativa de radioterapia externa que utiliza protones en lugar de fotones. Las propiedades físicas de los protones permiten que la mayor parte de la dosis de radiación se deposite a una profundidad específica, conocida como pico de Bragg, con una dosis de salida mínima más allá del objetivo.

Esta característica puede reducir la exposición a la radiación del tejido cerebral sano circundante, especialmente en casos en los que los tumores se localizan cerca de estructuras críticas. Por este motivo, la terapia con protones puede considerarse en pacientes seleccionados en los que la reducción de la toxicidad relacionada con la radiación a largo plazo sea una prioridad.

Es importante señalar que la terapia con protones no aumenta de forma inherente la eficacia biológica de la radiación frente a las células tumorales. Su principal ventaja potencial radica en la distribución de la dosis y no en un mayor control tumoral. La elección entre radioterapia con protones o con fotones depende de factores anatómicos, clínicos y técnicos individuales.

 

Diferencias entre la terapia con protones y la radioterapia convencional

La diferencia fundamental entre la terapia con protones y la radioterapia convencional basada en fotones radica en la forma en que la energía de la radiación se deposita en los tejidos.

La radiación con fotones administra dosis a lo largo de todo su trayecto a través del cuerpo, incluida una dosis de salida más allá del tumor. En cambio, la radiación con protones deposita la mayor parte de su energía a una profundidad definida, lo que puede permitir una menor exposición de los tejidos sanos situados más allá del volumen diana.

Desde el punto de vista clínico, ambas modalidades tienen como objetivo lograr un control tumoral eficaz. Las diferencias en los resultados se relacionan principalmente con los perfiles de toxicidad, más que con diferencias consistentes en la respuesta tumoral. Los beneficios relativos de la terapia con protones varían en función de la localización del tumor, la edad del paciente y la proximidad a estructuras neuronales críticas.

 

Resultados a largo plazo y consideraciones

Los resultados a largo plazo tras la radioterapia en neuro-oncología dependen de múltiples factores, incluidos la biología tumoral, la dosis total de radiación, el esquema de fraccionamiento, la edad del paciente y la función neurológica basal.

Los posibles efectos a largo plazo de la radioterapia pueden incluir alteraciones cognitivas, disfunción endocrina, efectos vasculares y, de forma poco frecuente, tumores secundarios inducidos por radiación. Los avances en la planificación y la administración del tratamiento han reducido estos riesgos, pero siguen siendo una consideración importante, especialmente en pacientes con una expectativa de supervivencia prolongada.

El seguimiento continuado mediante evaluación clínica y estudios de imagen es esencial para monitorizar la respuesta al tratamiento, detectar recurrencias e identificar efectos tardíos de la terapia.

 

Conclusión

La radioterapia sigue siendo un pilar fundamental del tratamiento en la neuro-oncología y es parte integral del manejo de muchos tumores cerebrales y espinales. Su utilización se basa en principios biológicos bien establecidos y continúa evolucionando gracias a los avances tecnológicos.

Tanto la radioterapia convencional basada en fotones como la terapia con protones desempeñan un papel importante, y su selección se determina por las circunstancias clínicas individuales, más que por una jerarquía universal de eficacia. Los resultados a largo plazo reflejan el equilibrio entre el control tumoral y la preservación de la función neurológica, lo que subraya la importancia de una planificación cuidadosa del tratamiento y de la atención multidisciplinar.

 

 

La revisión médica de este artículo ha sido realizada por el equipo de Neuro-oncology Institute.
Fecha de la última actualización: 6 de enero de 2026
Neuro-Oncology Institute, Barcelona

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