Glioblastoma: síntomas, diagnóstico y tratamiento
Introducción
El glioblastoma es un tumor primario maligno del sistema nervioso central y representa la forma de mayor grado de los gliomas astrocíticos difusos. Se caracteriza por un comportamiento biológico agresivo, una progresión rápida y una infiltración extensa del tejido cerebral circundante. A pesar de los avances en neurocirugía, radioterapia y tratamientos sistémicos, el glioblastoma sigue asociado a una supervivencia limitada a largo plazo.
Este artículo ofrece una visión objetiva del glioblastoma, incluyendo sus características biológicas, su presentación clínica, los principios diagnósticos y los enfoques terapéuticos actualmente establecidos, de acuerdo con los estándares contemporáneos de la neuro-oncología.
¿Qué es el glioblastoma?
El glioblastoma es un tumor astrocítico difuso clasificado como grado 4 según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta clasificación refleja tanto las características histológicas como los rasgos moleculares asociados a un comportamiento clínico altamente agresivo.
Entre los hallazgos histopatológicos más frecuentes del glioblastoma se incluyen una marcada atipia celular, alta actividad mitótica, proliferación microvascular y necrosis. Estas características lo distinguen de los gliomas de menor grado y son fundamentales para su diagnóstico.
Los glioblastomas se originan con mayor frecuencia en los hemisferios cerebrales, aunque pueden aparecer en otras regiones del cerebro. La enfermedad afecta principalmente a adultos y su incidencia aumenta con la edad.
Causas y factores de riesgo
En la mayoría de los pacientes, el glioblastoma se desarrolla de forma esporádica y no puede identificarse una causa específica. La evidencia actual sugiere que el desarrollo tumoral es consecuencia de la acumulación de alteraciones genéticas y epigenéticas que afectan a la regulación del crecimiento celular, la reparación del ADN y la angiogénesis.
Los factores de riesgo reconocidos incluyen la edad avanzada y la exposición previa a radiación ionizante que afecte al cerebro. Algunos síndromes hereditarios poco frecuentes, como el síndrome de Li-Fraumeni, se asocian a un mayor riesgo, aunque representan solo una pequeña proporción de los casos.
No existe evidencia fiable que relacione el glioblastoma con factores del estilo de vida, el estrés psicológico, los hábitos dietéticos o exposiciones ambientales comunes.
Síntomas del glioblastoma
Los síntomas clínicos dependen de la localización del tumor, su tamaño y su dinámica de crecimiento. El inicio de los síntomas suele ser subagudo, con una progresión que ocurre a lo largo de semanas o meses.
Los síntomas más habituales incluyen cefalea persistente o progresiva, crisis epilépticas, especialmente de nueva aparición en adultos, deterioro cognitivo, cambios en la personalidad o el comportamiento, alteraciones de la memoria y disminución de la velocidad de procesamiento mental.
Los tumores que afectan a los lóbulos frontales pueden provocar disfunción ejecutiva o cambios conductuales. La afectación del lóbulo temporal puede causar alteraciones del lenguaje o de la memoria. Los tumores parietales pueden dar lugar a trastornos sensitivos y las lesiones occipitales se asocian a defectos del campo visual.
El deterioro neurológico puede producirse como consecuencia del crecimiento tumoral, el edema peritumoral o el aumento de la presión intracraneal.
Diagnóstico del glioblastoma
El diagnóstico del glioblastoma requiere la integración de los hallazgos clínicos, las pruebas de neuroimagen, el análisis histopatológico y el estudio molecular.
La resonancia magnética (RM) con contraste es la principal modalidad de imagen. Los hallazgos típicos incluyen realce irregular con contraste, necrosis central, edema vasogénico circundante y efecto de masa sobre las estructuras cerebrales adyacentes. Las técnicas avanzadas de RM, como la difusión, la perfusión y la espectroscopia, pueden aportar información adicional sobre las características del tumor.
El diagnóstico definitivo se establece mediante el examen histológico del tejido tumoral obtenido a través de una resección quirúrgica o una biopsia estereotáxica. El análisis del tejido permite confirmar el grado tumoral y evaluar los rasgos morfológicos definitorios.
El perfil molecular se ha convertido en un componente esencial del diagnóstico y la clasificación. Los marcadores evaluados con mayor frecuencia incluyen el estado mutacional de IDH, la metilación del promotor de MGMT, las mutaciones del promotor de TERT y la amplificación de EGFR. Estas características moleculares aportan información pronóstica y pueden influir en la planificación terapéutica.
Opciones de tratamiento del glioblastoma
El manejo del glioblastoma se basa en un enfoque multimodal que suele combinar cirugía, radioterapia y tratamiento sistémico. Las estrategias terapéuticas se individualizan teniendo en cuenta las características del tumor, la edad del paciente, el estado neurológico y los hallazgos moleculares.
- Neurocirugía
La intervención quirúrgica suele ser el primer paso del tratamiento cuando es factible. Los objetivos principales son la resección máxima y segura del tejido tumoral, la reducción del efecto de masa y la obtención de muestras para el análisis diagnóstico.
La extirpación completa del tumor no suele ser posible debido a la naturaleza infiltrativa del glioblastoma. Los resultados quirúrgicos dependen de la localización del tumor, la afectación de áreas cerebrales funcionalmente críticas y el grado de resección que pueda lograrse de forma segura.
- Radioterapia
La radioterapia es un componente estándar del tratamiento tras la cirugía. La radioterapia externa fraccionada convencional sigue siendo el enfoque más utilizado.
Las técnicas modernas, como la radioterapia de intensidad modulada y la radioterapia guiada por imagen, se emplean para optimizar la administración de la dosis y limitar la exposición del tejido cerebral sano circundante.
- Quimioterapia y tratamientos sistémicos
La temozolomida es el agente quimioterápico más utilizado en el glioblastoma y se administra habitualmente de forma concomitante con la radioterapia, seguida de tratamiento adyuvante.
Otras estrategias sistémicas, como los campos eléctricos antitumorales y los tratamientos dirigidos o inmunoterapias, se encuentran en investigación. Su utilización puede depender de las características moleculares del tumor y del contexto clínico.
Planificación terapéutica multimodal e individualizada
Dada la heterogeneidad biológica del glioblastoma, la planificación del tratamiento se basa cada vez más en la evaluación multidisciplinar y en la integración de datos clínicos, radiológicos y moleculares. La valoración individualizada es fundamental para equilibrar los posibles beneficios con los riesgos asociados al tratamiento.
Pronóstico y factores que influyen en los resultados
El glioblastoma se asocia a un pronóstico desfavorable a nivel poblacional, aunque los resultados clínicos varían entre los pacientes.
Los factores pronósticos incluyen la extensión de la resección quirúrgica, las características moleculares del tumor, la edad del paciente, el estado funcional y la respuesta a los tratamientos adyuvantes. Las estadísticas de supervivencia ofrecen un marco general, pero no permiten predecir la evolución de cada paciente de forma individual.
Conclusión
El glioblastoma es un tumor cerebral primario altamente agresivo, con características biológicas y clínicas complejas. Un diagnóstico y una clasificación precisos requieren la integración de datos histopatológicos y moleculares. El manejo actual se basa en una estrategia multimodal que combina cirugía, radioterapia y tratamiento sistémico.
La investigación en curso continúa perfeccionando los sistemas de clasificación y explorando nuevos enfoques terapéuticos con el objetivo de mejorar el control de la enfermedad y los resultados para los pacientes.
La revisión médica de este artículo ha sido realizada por el equipo de Neuro-oncology Institute.
Fecha de la última actualización: 6 de enero de 2026
Neuro-Oncology Institute, Barcelona